Cómo diferencia la Iglesia entre posesión demoníaca o enfermedad mental

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La realización de exorcismos por la iglesia católica no es ningún secreto, y creamos en ellas o no, la práctica data desde las historias de Jesucristo venciendo a los demonios que poseían a varias personas. Luego, le transfirió sus poderes de exorcismo a los apóstoles y a su vez, se dice que los sacerdotes de la Iglesia poseen estos mismos poderes.

En 1999 el Vaticano hizo una revisión oficial de las normas para practicar un exorcismo y decidir si era necesario hacer uno o no. Esta fue la primera revisión desde 1614 y fueron las regulaciones para determinar si una persona está o no poseída a las que se les hicieron los mayores cambios.

Ahora, la Iglesia Católica se preocupa de diferenciar entre una verdadera posesión demoníaca o una enfermedad mental con a ayuda de profesionales de la psiquiatría, quienes examinan al posible “paciente” antes de tan siquiera considerar el diagnóstico de posesión.

Pero ¿Cuáles son las cosas en las que un sacerdote se fija para determinar si vale un exorcismo o no? Lo principal son aquellas que no se pueden fingir fácilmente, como demostrar una fuerza descomunal o hablar algún idioma previamente desconocido para la persona. De acuerdo a la Iglesia, la habilidad de una persona de conocer información que no deberían tener – como información personal de los curas o profesionales estudiando el caso – también es una señal de que están lidiando con un demonio.

Antes, era bastante fácil para una persona el demostrar síntomas de posesión demoníaca pero en verdad estar sufriendo de algo completamente distinto, o nada, incluso. En algún punto, agresiones, maldiciones, heridas auto infringidas y un odio demostrado hacia objetos religiosos eran suficientes para declarar a alguien poseído. Estas nuevas normas fueron creadas para poder distinguir entre alguien que de verdad tiene un demonio dentro o alguien que sufre de esquizofrenia, o algún otro desorden mental.

Mucha de la doctrina respecto a los exorcismos se ha mantenido igual a través de los siglos. La Iglesia afirma que no es la mente la que está poseída, sino el cuerpo, y que los demonios que toman cargo de este lo que hacen es poner la mente en una especie de pausa mientras que toman el control de lo físico.

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